Una vez un hermano hizo la observación de que la voluntad de Dios es como un tren, mientras que nuestra oración es como la vía de ese tren. Un tren puede viajar a cualquier lugar, siempre que pueda ir sobre una vía. El tren tiene fuerza tremenda para ir hacia el este. El oeste, el sur y el norte, pero sólo puede ir a los lugares donde la vía ya se ha puesto. Y esto es así, no porque Dios no tenga poder (Dios, como el tren, tiene poder, gran poder); pero como Dios elige ser dirigido por la oración del hombre, por lo tanto, todas las oraciones válidas (como la vía del tren abre camino a Dios.

 

¿Cómo debemos nosotros poner las vías para la voluntad de Dios?

La respuesta: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Ef.6:18). Nuestra oración debe tocar en muchas direcciones. Debemos orar constantemente. Hagamos oraciones específicas y precisas, y también oraciones generales. Muchas de nuestras oraciones, por abarcar mucho, son demasiado, imprecisas; presentan demasiados agujeros por los que Satanás puede entrar con toda facilidad. Si nuestras oraciones fueran completas y bien protegidas, Satanás no tendría ninguna oportunidad de hacer estragos.

 

Por ejemplo, cuando un hermano sale a predicar, debemos poner la vía para que la voluntad de Dios se cumpla en él. Si solamente oramos unas pocas palabras en una oración general, pidiendo al Señor que lo bendiga, que lo proteja, y supla sus necesidades, esa red de oraron es demasiado delgada. Si queremos orar por una persona en particular, debemos extender una red muy cerrada para que Satanás no encuentre ningún agujero por donde colarse.

 

Entonces. ¿Cómo debemos orar? Cuando ese hermano se prepara para salir, debemos orar por su salud, por su equipaje, por el modo de transporte en que viajara, por su descanso y comidas en el viaje, y por la gente que encontrara en el viaje. Debemos orar también por todo lo que se relacione con él cuando haya llegado a su destino: orar por el lugar en que se quedará, orar por los vecinos, incluso por las cosas que él leerá, orar también por su trabajo: por el tiempo que le tendrá que dedicar y por todas las otras cosas que se relacionan con el trabajo.

Si oramos por él así de extensamente, será muy difícil que Satanás encuentre una abertura por la que pueda atacarlo.

 

El trabajo de la oración es por lo tanto un verdadero trabajo. Cuando aprendamos a orar oraciones especificas y precisas aunque se haga extensa la oración tendrá la victoria y Satanás no tendrá oportunidad de dañar los planes de Dios. Pero sabemos que la carne es débil y que el espíritu siempre esta presto. Por eso es de suma importancia que pidamos ayuda al Espíritu Santo, el cual el Señor prometió que nos ayudaría en nuestras debilidades y a pedir como conviene. “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Rom.8:26). Y Ore creyendo que Dios obrará.

 

“Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Mar.11:24). Amen.




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