LA IGLESIA DE LAODICEA

 (3:14-22)

 

La ciudad de Laodicea fue construida por el rey sirio de la descendencia de Seleuco, Antíoco II, hacia el año 250 a.C. El la llamo Laodicea en honor de su esposa, del mismo nombre, la que más tarde «se lo agradeció envenenándole.

Esta ciudad estaba como 145 kilómetros al Este de Éfeso, y a unos 72 al Sureste de Filadelfia. Era un rico centro industrial y comercial, donde convergían tres importantes caminos imperiales. También se hizo famosa por su escuela de medicina y por la producción de un ungüento que curaba las enfermedades de los oídos y un colirio para los ojos. Hoy día lo que queda de la ciudad de un montón de escombros.

Laodicea significa «juicio del pueblo» En esta iglesia la opinión popular de la gente tenía mucha autoridad y poder.

Características de Jesús frente esta iglesia. Las tres cualidades de Jesús, descritas en la introducción de esta carta son una demostración de la enorme diferencia que existía entre Él y los creyentes de esta comunidad.

      1. Su firmeza. (v.14) Al presentarse como el amen, Jesús le indica a esta iglesia que en Él no hay ambigüedad ni inseguridad. Por el contrario, todas las promesas de Dios son en sí, y en él amen, por medio de nosotros, para la gloria de Dios (2 Cor.1:20). Esto establecía un marcado contraste con la inseguridad de los creyentes de Laodicea. Esto era la razón por la que mantenían un estado de ánimo que dejara tanto que desear.

     2. Su fidelidad. Cuando se identifica como fiel y verdadero, el Señor se presenta así a una iglesia que ni era fiel ni verdadera.

     3. Su soberanía. Con las palabras, «el principio de la creación de Dios». El Señor dio a entender a la iglesia que él dio origen a toda creatura, visible e invisible, física y espiritual. Con estas palabra el Señor claramente insinúa que la iglesia en Laodicea, abandono aquello que era desde el principio, se alejo de la línea del comienzo. Por eso esta iglesia, al igual que toda iglesia, si desea contar con las bendiciones del Señor, debe volver al «principio» de todos los principios, y comenzar su obra desde Cristo y con Cristo.

Dos defectos fatales tenía la iglesia de Laodicea. Los defectos de esta iglesia, su enfriamiento espiritual y sus falsas pretensiones la han hecho figurar como el tipo perfecto de la iglesia apática e indiferente de estos últimos tiempos.

      1. Su nauseabunda tibieza espiritual. Se sabe que en las afueras de la ciudad de Laodicea había manantiales de agua tibia, lo cual probablemente fue usado como figura del estado espiritual de los integrantes de aquella congregación.

Las palabras de Jesús: ni eres frio ni caliente, seguidas por la lamentación: ¡Ojala fueses frio o caliente! (v.15). Las palabras “frio” y “caliente” están relacionadas con el agua. Agua fría en día caluroso es reconfortante. Agua caliente en día frío es vivificante. Ambas producen efectos apetecibles. “Eres tibio” El agua tibia es una mezcla de partes iguales de agua fría y agua caliente; es intolerable, pues provoca vómitos. Esta era la condición espiritual de esta iglesia: ni frio, ni caliente, sino tibio. Había una mezcla.

Estas personas nosotros llamamos hoy, indiferentes, negligentes, perezosos, etc., Esta iglesia no tenia ardor, fuego, o sea, voluntad hacia el amor. Era tibia, poco viva. Ante tal condición el Señor prometió vomitarla de su boca.

      2. Sus riquezas y su ceguera espiritual. La arrogancia y vanagloria de esta iglesia se detecta en las irónicas y jactanciosas palabras con que se expresaba su líder: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad (v.17). Esto es contrario a lo que prescribe la primera bienaventuranza: Bienaventurado los pobres en espíritus, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt.5:3).

Se cree que la vanagloria de la ciudad de Laodicea había afectado la actitud de la iglesia. Sus tierras fértiles, el auge comercial, su escuela de medicina y la fama del templo del dios Men Carou que, según, ellos sanaba muchas enfermedades, todo había hecho que Laodicea se creyera autosuficiente. Tal parece que la iglesia también poseía esas mismas pretensiones. Por eso, Jesús le dice: no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo (v.17). Creen que son ricos, y en apariencia lo son, pero Cristo ve su pobreza espiritual. No tan solo son pobres sino que son ciegos también. Pueden ver su prosperidad material pero no pueden ver cosas espirituales. Por eso el Señor le amonesta y le da:

Tres instrucciones urgentes para la iglesia de Laodicea. A pesar de su deplorable estado espiritual, a Laodicea no se le anuncio el final de su existencia, sino que Jesús le concedió la oportunidad de dar un viraje de 180 grados para restablecerse espiritualmente.

      1. Obtener oro refinado en fuego. (v.18) “Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico” El significado espiritual de estos termino nos da a entender que esta iglesia no había pasado por la prueba de la fe, como le sucedió a Esmirna. El refinamiento del oro en fuego es símbolo de una vida sometida a Dios y acrisolada en el horno de las tribulaciones, como dijo Job: «él conoce mi camino; me probara, y saldré como oro»  (Job 23:10).

Pedro expreso muy bien este requerimiento que Jesús le hace a la iglesia: «para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo» (1 P.1:7).

      2. Adquirir vestiduras blancas. La ropa, además de prestar el importante servicio de cubrir el cuerpo, es el medio por el cual mucha gente demuestra su nivel económico en la sociedad. La gente de Laodicea se jactaba de vestir muy bien, especialmente vistiendo los famosos abrigos de lana negra.

Sin embargo, Jesús se refiere aquí a la desnudez espiritual de los miembros de esta iglesia, un estado que sólo podía cambiar si adquirían vestiduras blancas, símbolo de la justicia de Cristo, la cual aplicada al corazón del creyente, resulta en una vida santa y digna. Vestirse de santidad es la única manera de evitar que se descubra la vergüenza de la desnudez espiritual.

      3. Ungirse los ojos con colirio. La escuela de medicina de Laodicea era famosa por la producción de un ungüento para los ojos. Ese detalle dio lugar a la lección figurada que Jesús le dio a la iglesia para la corrección de su ceguera espiritual, la cual no le permitía darse cuenta de sus deficiencias. Este colirio habla de la unción y de la obra del Espíritu Santo, concediendo una visión clara de la obra de Dios.

El Señor les dice a estos pobres espirituales, como ser enriquecidos; a estos desnudos espirituales, como ser vestido; a estos ciegos espirituales, como recibir la vista. Pero no era con bienes materiales que ellos podían comprar estos bienes espirituales.

Una amonestación apremiante y dos promesas condicionales. El propósito de esta misiva es restaurar a la iglesia tibia, no destruirla. Así es como en v.19-22 esta séptima carta apocalíptica concluye con un llamado de urgencia al arrepentimiento, y dos promesas condicionales de salvación.

       1. Una amonestación apremiante de parte del Señor. (v.19). La expresión inicial del versículo 19 es bastante reveladora: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo”. La palabra reprendo significa encarar y reprochar una falta; en tanto que el termino castigo viene de paideúo, que describía el quehacer del que “enseña”,  “corrige” y disciplina a niños.

Jesús hace todo esto por medio de la Palabra de Dios y las manifestaciones del Espíritu Santo. Sin embargo su disciplina está basada en su amor. Debido a ese inquebrantable amor, Él hace un urgente llamado: Sé, pues celoso, y arrepiéntete. De nada sirve la enseñanza, la represión y la disciplina si la persona no se arrepiente ni abandona la vida de tibieza y mediocridad espiritual.

      2. Jesús promete tener comunión con el que le abre la puerta. (v20). “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” Primero Él llama y espera que se le abra; no obliga al pecador a recibirlo. Segundo, el ser humano posee la capacidad de oír el llamamiento divino y responder a él; de otro modo, esta invitación del Salavdor carecería de sentido.

La comunión que Jesús anhela tener con el creyente se da en dos fases. La primera se ve en la expresión entrare a él, con lo cual se indica que el Señor está afuera, y que ese corazón está vacío de la presencia y la gracia salvadora de Cristo Jesús. La segunda fase denota comunión que Jesús intima: Cenaré con él, y é conmigo. Por una parte, entrar a la casa de alguien y compartir los alimentos con él es una demostración de confianza, cariño y amistad. Por la otra, compartir la cena es una indicación de que se está aproximando el anochecer, lo cual terminaba, para un oriental, con el acto bondadoso de brindarle un lugar al visitante para que pasara la noche en su casa. (Lc.24:29-30; Hech.16:15, 34).

      3. Jesús promete compartir su trono con el que sea vencedor. Los tronos orientales tenían la forma de un sofá ancho en el cual el rey podía hacer que se sentara a su lado la reina o algún personaje a quien él deseara honrar. Jesús promete aquí este privilegio al que venciere. ¿Quién será considerado vencedor? El que persevere hasta el fin (Mt.24:13), el que soporte las aflicciones (Rom.8:37, el que sea fiel hasta la muerte (Ap.2:10).

De esta manera, Jesús no sólo saca el pecador de la lamentable condición de pobreza, desnudez y ceguera espiritual (v.15-17), sino que, si es obediente, le imparte la riqueza imperecedera de la salvación, lo reviste de santidad y le concede una nueva visión celestial. Finalmente, Jesús establece con el creyente una comunión personal y le promete elevarlo al nivel del trono de su gloria cuando Él venga por su iglesia.

Carácter escatológico de las dos últimas cartas. Los que les damos a las cartas de las siete iglesias tanto un sentido histórico como profético, vemos a Filadelfia y Laodicea como representativas de la iglesia de estos últimos tiempos.

Los que necesitan volverse al Señor y prepararse para su venida. Laodicea, en cambio, representa a la iglesia tibia y apostata de estos últimos días. Existen muchos llamados “cristianos” hoy que han cambiado la fe, la humildad y el sometimiento a Dios y a las aflicciones de la vida cristiana por una vida licenciosa, cómoda y triunfalista. La tibieza espiritual de esta iglesia laodicense de hoy se debe a su autosuficiencia, el descuido de las enseñanzas de la Palabra de Dios y la de oración.

En su afán por lucir de manera esplendorosa y autosuficiente, han dejado afuera a Cristo, ocupándose mas en sus programas, ceremonias y celebraciones. En lugar de la evangelización al estilo del Nuevo Testamento se está dando entrada a la gente sin el énfasis bíblico en el nuevo nacimiento, la santificación, la llenura del Espíritu Santo y el discipulado cristiano. Si ese enorme segmento de la cristiandad escucha y responde al llamado al arrepentimiento de Apocalipsis (3:18-21, podrá participar de la cena de las bodas del Cordero y acompañar al Rey en su segunda venida al mundo.

Laodicea representa la Iglesia apostata de los días antes de la aparición de Cristo en Su Segunda Venida (visible). Una iglesia apostata, modernista, ecumenista, rica, influyente, encabezada por el Falso Profeta y por el Anticristo.