LA IGLESIA DE SARDIS

(3:1-6)

 

La ciudad de Sardis estaba a ochenta kilómetros al noreste de Esmirna y como a cincuenta kilómetros al noreste de Filadelfia. Esta ciudad era antes la capital del país llamado Lidia que se extendía hacia el oeste del Asia Menor, y se gloriaba por sus cuantías de oro. Lidia era una nación fuerte, pero su bienestar fue su propia perdición. Su último rey, Creso, quien se consideraba entonces el gobernante más rico, fue castigado y llevado cautivo por el rey persa Ciro el año 546 a.C. Más tarde, Sardis fue ocupada por los romanos, y en el siglo IV fue convertida en ruinas por Temur, guerrero asiático. Actualmente en el lugar de Sardis se halla un terreno desocupado cubierto de ruinas. Permanecen además algunas casas taperas cubiertas de ruinas. Esto es todo cuando ha quedado de Sardis.

Se cree que la iglesia en la ciudad de Sardis fue fundada por Pablo. Hech.19:10. Después del primer siglo esta iglesia surgió como centro cristiano.

Sardis” significa, “remanente,” o lo que ha quedado o lo que ha escapado. Esta iglesia desde el punto de vista profético. Representa la iglesia en una época que llamamos la Reforma del Protestantismo. Fue en tiempos cuando Martín Lutero y otros reformadores protestaron contra las falsas enseñanzas y tiranía de la iglesia papal. Este periodo que se extendió desde 1520 d.C. hasta 1750 d.C. Nos dice la historia que un grupo escapo de esta apostasía y abominación, pero otro grupo fue atrapado por el papado.

¿Cómo se presenta Jesús a la iglesia de Sardis?

Jesús se presenta aquí con su autoridad suprema. La manera que Jesús se presenta ante esta iglesia pone en perspectiva su autoridad y supremacía divina.

   En primer lugar, Él asegura tener los siete espíritus de Dios (v.1). Esta es una alusión a su unción plena. Lo cual significa que Jesús reúne en si toda la plenitud del Espíritu Santo, así como habita en Él la pléroma de Dios (Col.1:19).

   En segundo lugar, Jesús se identifica como el que tiene las siete estrellas (v.1b) que son los ángeles de las siete iglesias, con lo cual se hace referencia a la plenitud de la autoridad pastoral, investida en Jesús.

 Esta carta empieza con severas represiones. A diferencia de las otras epístolas de Jesús que ya hemos estudiado, ésta de Sardis no empieza con elogio para la congregación ni con un análisis de virtudes. Al contrario, el que tiene los siete espíritus de Dios conoce su corazón y los ve como muertos mientras que el mundo los ve como vivos. La terrible expresión: tiene nombre de que vives, y estás muerto (v.1c), Este terrible reproche puede estar denunciando ese formalismo religioso y las apariencias en que se cae, a veces, tratando de lucir una espiritualidad que no se posee. Se puede engañar a la gente pero no al Señor. ÉL no se impresiona con ritos, ceremonias, prácticas ni programas. Jesús conoce las intenciones del corazón, y detecta el verdadero estado espiritual de la iglesia.

   La única esperanza para la iglesia de Sardis. El llamado divino al arrepentimiento nunca llega tarde. El deplorable estado espiritual de la iglesia de Sardis hizo necesario que Jesús le hiciera una llamado de urgencia en esta breve carta, dándole dos órdenes específicas.

      1. Vigilar y evitar un estado de atrofia espiritualSé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir (v.2)Esto creyente no estaban aplicando a su vida el principio de vigilancia que Jesús estableció cuando les dijo a sus discípulos: Velad y orad, para que no entréis en tentación (Mt.26:41). Ser vigilante, como le dice Jesús a la iglesia de Sardis, significa que el cristiano se mantenga despierto espiritualmente detecte a tiempo cualquier cosa indebida que pueda afectar su salud espiritual.

Dos censores infalibles en la vida cristiana son: la enseñanza de la Palabra de Dios y la dirección del Espíritu Santo.

   Jesús también amonesta a la iglesia de Sardis, y a todo cristiano, a evitar un estado de “atrofia” espiritual. Se atrofia los órganos, miembros y tejidos del cuerpo que permanecen inactivos por largos periodos. La atrofia espiritual tiene lugar cuando un creyente deja de usar los dones, los talentos y las facultades que el Señor le ha otorgado. Por eso, Jesús exhorta a los creyentes de Sardis, y a los de todo lugar, que afirmen o ejercitan las otras cosas que están para morir. La razón de este mandato se expresa en la última parte del versículo 2: No he hallado tus obras perfectas delante de Dios.

      2.  Recordar y revivir lo que se ha recibido de Dios. “Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. (v.3). Estas palabras se parece a lo que se le dice a la iglesia de Efeso (2:4,5).

         Sardis no solo había dejado el primer amor sino que había caído en un estado de atrofia y posible muerte espiritual. Lo único que les quedaba por hacer a estos creyentes, si quería ser restaurados, era recordar lo que habían recibido y oído de parte del Señor. Al fin de obedecer a Dios. Hay que hacer como las vírgenes prudentes: que no solo oye la palabra de Dios sino que también obedece y hace lo que dice la palabra.

          El formalismo y la decadencia espiritual son estados de ánimo que produce el enemigo en corazones que ya han dejado de sentir la presencia real de Cristo y no se someten al mover del Espíritu Santo.

       Lo apremiante del llamado de Jesús se nota en la expresión: si no velas… no sabrás a que hora vendré sobre  ti (v.3).

          Un remanente fiel no había caído en la ruina.  Tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras (v.4). Esta es una prueba más de que se puede vivir en la voluntad de Dios, aunque a nuestro derredor todos estén fuera de ella.

       El nombre de Sardis encierra las ideas de “escape” y “renovación”.

          Lo que ven en Sardis un tipo de la iglesia del periodo de la Reforma, hacen una comparación entre el estado moribundo de esta iglesia con el formalismo y la decadencia espiritual de la iglesia católica romana de los siglos 12 al 15. Durante esos últimos siglos de oscurantismo de la Edad Media, el romanismo católico alcanzo la cumbre del poder papal y mantuvo sus terribles garras encarnadas en todos los círculos de la humanidad.

           Luego llego el amanecer de un despertamiento espiritual en muchos frentes, y surgieron lideres como Wycliffe, Hus y Lutero, cuyos esfuerzos condujeron al cristianismo a la Reforma protestante del siglo 16. Así fue como en medio de la crisis de una religión muerta surgió un avivamiento basado en la Palabra de Dios y la gracia salvadora de Jesucristo.

          Promesas divinas a los vencedores de Sardis. 

         Andarán con Cristo. (v.4).

 

         Vestirán ropas blancas. (v.5). símbolos de santidad y dignidad.

 

        Su nombre no será borrado (v.5b). La existencia de un libro en el cual aparecen los nombres de los que creen en Dios y viven para El se menciona desde muy temprano en las Escrituras (Ex.32:32; Lc.10:20; Fil.4:3; Ap.20:12; 22:19). Lo opuesto a esta promesa condicional de Jesús nos indica que si alguien que ha sido escrito en el libro mencionado no le es fiel, su nombre será borrado.

 

        Su nombre será leído delante del Padre (v.5c). Cristo había dicho: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesare delante de mi Padre que esta en los cielos” (Mt.10:32).

 

   Esto nos enseña que las promesas de los fieles de Sardis serán ortogadas también a los creyentes fieles de todos los tiempos. Los ángeles serán testigos  y participantes de la celebración que habrá en el cielo por la salvación de todos los pecadores arrepentidos que hayan perseverado hasta el fin (Lc.15:10.

 

Sardis representa a la iglesia en el tiempo de la Reforma y del Renacimiento; del año 1517 al 1750