EL CIELO Y TIERRA NUEVA Y LA SANTA CIUDAD

Ahora habrá un nuevo comienzo. Un nuevo orden universal. Con el estudio de los capítulos 21 y 22 llegamos al fin del tiempo y al comienzo de la eternidad. Ahora Dios establecerá un nuevo cielo, una nueva tierra y una nueva ciudad: la nueva Jerusalén. “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (21:5)

¿Será ésta una nueva creación, o una renovación?

Esta pregunta ha mantenido divididos en cuatro grupos a los comentaristas del Apocalipsis:

     Algunos tienden a espiritualizar esta profecía;

     otros la ven como un mero simbolismo;

     un tercer grupo sostiene que la declaración de Juan, "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe más” (v.1), se refiere a que este planeta tierra será desintegrados, incluyendo su contorno espacial. Según este punto de vista, la escena de Génesis 1 y 2 se repetirá, porque Dios creara un mundo nuevo, completamente distinto del que ahora habitamos.

     Y los del cuarto grupo ve en este versículo el anuncio de una renovación total del universo por medio de métodos catastróficos, como grandes estruendos y fuego devorador.

Las dos opiniones de interpretación más fuerte que cualquiera de la dos puede ser es la de tercer y cuarto grupo. Sea cual de esta dos sea la mas acertada lo importante es que habrá cielo nuevo y tierra nueva.

Antecedentes de la profecía “cielo nuevo y tierra nueva”

El concepto de “cielo nuevo y tierra nueva” fue profetizado por Isaías 65:17; 66:22. También el Señor Jesucristo se refirió a que “el cielo y la tierra pasarán” (Mt.24:35);  como también el apóstol Pedro, afirma: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” 2 P.3:13.

Cuando Juan vio el Gran Trono Blanco, y al que estaba sentado sobre él, también vio que “de delante de El huyo la tierra y el cielo, y no fue hallado el lugar de ellos.” Es evidente que en esa ocasión es que se cumplirán las palabras proféticas del Apóstol Pedro: “Mas los cielos que son ahora, y la tierra, son conservados por la misma palabra, guardados para el fuego del día del juicio, y de la perdición de los hombres impíos…El día del Señor vendrá…en el cual los cielos pasaran con grande estruendo, y los elementos ardiendo será deshechos, y la tierra y las obras que en ella están serán quemadas…los cielos siendo encendido serán deshechos, y los elementos siendo quemados se fundirán.” La tierra volverá al estado de perfección original, como era antes de la entrada de pecado.

Relación del cielo nuevo y la tierra nueva con la nueva Jerusalén. En v.2, Juan, sin mas explicaciones, se extiende a describir otra visión que Dios le dio. “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.

Dos figuras se utilizan para presentar a la ciudad. Dos figuras usa aquí el escritor sagrado para describir esta gloriosa ciudad.

     1. La presenta como una esposa. Juan ve que la ciudad desciende como una esposa ataviada para su marido (v.2). Tanto la ciudad como sus habitantes se constituyen en la “esposa del Cordero”. El escrito de hebreos describe a sus habitantes, al decir: “os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto…” (He.12:22-24).

     2. Como un tabernáculo. Luego, Juan nos informa de una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morara con ellos (v.3). La palabra “tabernáculo” viene del griego skene y en el pensamiento cristiano del primer siglo hablar de su descenso equivalía a decir que la gloria visible de Dios moraría permanentemente con los redimidos.

 La Nueva Jerusalén es el cumplimiento de una promesa. La nueva Jerusalén es la ciudad que Dios ha preparado como morada eterna de todos los redimidos. En ella se cumplen las aspiraciones de los santos del Antiguo Testamento, quienes esperaban la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios (He.11:10). Es cierto que los israelitas han amado la ciudad terrenal de Jerusalén por siglos; Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les han preparado una ciudad (He.11:16).

 

Esto está en perfecta armonía con la consoladora promesa expresada por Jesús mismo cuando dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. (Jn.14:2-3).

 

Los versos 4-7 son bendiciones para el pueblo de Dios “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”.

En cambio el verso 8 es la sentencia para los pecadores “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicario y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”.

LA CIUDAD CELESTIAL, LA NUEVA JERUSALÉN

No habrá tan solo cielo y tierra nueva, sino que habrá también una nueva ciudad. Juan habla de ella en el versículo 2 y también en la segunda división de estos dos capítulos él nos da una descripción maravillosa y dividida de esta ciudad. Desde el verso 9 hasta 27, le ofrece detalles minuciosos y maravillosos de la estructura, materiales y dimensiones de la ciudad.

La nueva Jerusalén es una ciudad literal. El nombre “Jerusalén,” es usado en la Biblia 810 veces, y siempre se refiere a una ciudad literal. Nunca es usado en forma simbólica. Si esta ciudad celestial no existiera, entonces Dios estaría hablando de algo irreal y ficticio. “Mas sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso.” (Rom.3:4).

Notemos su maravillosa descripción:

Sus nombres:

     1. Nueva Jerusalén, Ap.3:12; 21:2. Es “nueva” porque no es la Jerusalén terrenal, sino celestial; “desciende del cielo, de Dios.”

     2. La Santa Ciudad, Ap.21:2; 22:19. Es santa porque es la ciudad de Dios, y Dios es Santo.

     3. El Tabernáculo de Dios, Ap.15:5; 21:3. En las peregrinaciones en el desierto, Dios dijo a Moisés: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo.” Ex.25:8, 9; 40:33, 34. Cuando Salomón concluyo la construcción del templo en Jerusalén (que sustituía el tabernáculo en el desierto), la casa se llenó de una nube…porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios.”2 Cró.5:1, 13, 14; 7:1, 2. Y la Nueva Jerusalén en la Tierra Nueva es el Tabernáculo de Dios. ¡Con razón Juan la vio “teniendo la gloria de Dios,” o sea, llena de la gloria de Dios.

     4. La Desposada, la Esposa del Cordero, Ap.21:2, 9. Hay quienes creen que la Nueva Jerusalén, más bien como lugar, como estructura, es “la Esposa del Cordero.” A unas estructuras con avenidas y calles no se le puede llamar ciudad porque no hay ciudadanos. A una multitud de personas en una llanura tampoco se le puede llamar “ciudad” porque no hay estructuras. Lo que constituye una ciudad son las estructuras y los ciudadanos. Una ciudad puede ser demolida por la guerra o por terremoto, y los ciudadanos o pueden reconstruirla, o construir otra en otro lugar. En resumen, son los ciudadanos los que hacen las ciudades.

Si del cielo descendiera solamente la estructura, no hubiera sido llamada, “ciudad.” Si descendiera solamente los santos glorificados, tampoco hubiera sido llamada, “ciudad,” sino “multitud.” De modo que las estructuras con sus moradores, la hacen ciudad; aun cuando sus moradores fueran ángeles, la harían ciudad.

Esta ciudad cobra nombre tan especial porque en ella está el Tabernáculo de Dios, la compañía de muchos millares de ángeles, los santos del Antiguo Testamento y los posteriores al levantamiento de la iglesia, y desde luego, también está el Cordero (Heb.12:22-24) con Su Iglesia; y especialmente por venir la iglesia en la ciudad es que se le otorga el nombre, “la Esposa del Cordero.”

Juan nos dice que la Nueva Jerusalén descendía “teniendo la gloria de Dios,” y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como cristal.” El jaspe es una piedra mineral consistente en pura sílica, cuarzo cristalizado, cristal de roca, o roca cristalizada. Y en 21:8, se nos dice que “el material de su muro era de jaspe.” El jaspe tiene una estructura tri-dimensional; representa al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. El jaspe cristalizado permitía ver el fulgor de la gloria de Dios. 

     5. Jerusalén Celestial, Heb.12:22. Es celestial porque no es terrenal. Lo único que conserva de la terrenal es el nombre, Jerusalén; tal vez como un memorial de la ciudad terrenal en cuyo templo Dios habito para la preparación de un pueblo del cual vendría el Mesías Redentor; y como memorial de la ciudad desde donde gobernó el “Rey de reyes y Señor de señores” por espacio de mil años.

     6. La Casa de mi Padre, Juan 14:2. El Señor así la llamo, y alentando a los Suyos, nos dice: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros también estéis.”

 

 

MEDIDA Y MATERIALES DE LA CIUDAD

V.9-21

     La medida cúbica de la ciudad destaca su perfección. Las medidas de la ciudad nos muestra que era cúbica. Esto es muy significativo, ya que en el contexto cultural de Juan, el cubo era símbolo de perfección entre griegos y hebreos (Ez.41:21; 43:16; 45:2; 48:20). La Nueva Jerusalén es perfecta en todo sentido. Sus vastas medidas nos hablan de su amplitud para albergar a todos los santos de todos los tiempos. Lo largo, alto y anchos de la ciudad son iguales.

     Los materiales de la ciudad revelan el amor de Dios. Al analizar la calidad y el valor de los materiales con que Dios ha construido esta ciudad celestial nos surgen varios pensamientos. Primero, reconocemos el inmenso amor del Padre y el Hijo hacia los redimidos. Ese es el lugar que Jesús nos fue a preparar, como lo prometió cuando dijo: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomare a mi mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis (Jn.14:2, 3). Segundo, al ver la grandeza de la ciudad descubrimos que la razón por la cual ésta es hecha de oro puro, finísimos metales y piedras preciosas es que allí habitaran por la eternidad los hijos de Dios, los cuales habrán resucitado con cuerpos espirituales, pero es un símbolo de la auténtica dignidad y el valor incalculable de la obra de Dios en el creyente (1 P. 1:7; Ap.3:18; 1 Cor.3:12).

·         Notemos ahora otros detalles muy importantes, como, la fortaleza, la simetría arquitectónica, los cimientos, las dimensiones, los materiales, los adornos, las puertas, la calle, la iluminación, la posición gubernamental, la libertad, la amonestación para hoy.

     1. Fortaleza, v.12. “Tenía un muro grande y alto…El material de su muro era de jaspe” (v.18), y “El primer cimiento era jaspe,” (v.19). El jaspe, además de ser roca cristalizada es altamente consistente, fuerte.

     2. Simetría, v.12, 13. “Tenia  doce puertas;…al Este tres puertas; al Norte tres puertas; al Sur tres puertas; al Occidente tres puertas.”  En cada lado del muro, tres puertas. La ciudad terrenal de Jerusalén durante el Reino Milenial de Cristo, será reconstruida por orden divina siguiendo el diseño de la Jerusalén Celestial, con tres puertas a cada lado (Ez.48:30-35), e igualmente representado a las doce tribus de Israel. El hecho de que cada puerta de la Nueva Jerusalén aparezca el nombre de una de las tribus de Israel, indica que verdaderamente “ya no hay judío ni griego (gentil); no hay esclavo ni libre; no hay varón ni hembra; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” Rom.10:12; Gál.3:28; Col.3:11. En cada puerta había un ángel, en lo cual vemos el ministerio eterno de los ángeles como “espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación.” Heb.1:14. En ninguna de la puerta estaba San Pedro.

     3. Fundamentos, v.14. “Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero”  Así como en el muro hay doce puertas, doce son los fundamentos de la ciudad. Así como en las puertas están inscritos los nombres de las doce tribus de Israel, en los fundamentos están inscritos los nombres de los doce apóstoles del Cordero; cumpliéndose así cabal y literalmente, y en su dimensión eterna el derribamiento “de la pared intermedia de separación” entre judíos y gentiles. Efe.2:11-22.

     4. Dimensiones, v.15-17“El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro” El ángel que hablaba con Juan tenia una caña de medir para medir la ciudad. La forma geométrica de la ciudad es de un cubo perfecto, con una misma medida de largo, de ancho y de alto, y con seis lados exactamente iguales. La medida por cada lado, y de alto es “doce mil (12,000) estadios.” Esto equivale a dos mil cuatrocientos (2,400) kilómetros, ó, mil quinientas (1,500) millas. Esto representa más de la mitad de la superficie de los Estados Unidos de América, parte de México y del Golfo de México, más el espacio de la altura de la ciudad, o sea, dos mil cuatrocientos kilómetros hacia arriba. Es una ciudad enorme con capacidad para billones de moradores.

Las Medidas del muro v.17). El ángel también “midió su muro, ciento cuarenticuatro (144) codos, de medida de hombre, la cual es de ángel.” La medida de un codo partía del codo del hombre hasta la punta del dedo del medio; un promedio de cincuenta (50) centímetros, ó, dieciocho (18) pulgadas. Ciento cuarentaicuatro codos equivale, pues a setenta (70) metros, ó doscientos treinta (230) pies.

Algunos creen que este muro era una muralla alrededor de la ciudad; pero es evidente que el muro que se menciona era el propio muro de la ciudad, o sea, su fundamento, su cimiento. El fundamento de la ciudad no estaba bajo tierra, sino estaban sobre la tierra, pues fue construida en el cielo. En nuestras construcciones el fundamento no se ve, está bajo la tierra, no se adorna; el fundamento de la Nueva Jerusalén era visible.

     5. Materiales, v.18-21. “La ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio”

El material de los doce fundamentos (v.14) de la ciudad eran las siguientes piedras preciosas transparentes:

El primero era jaspe. El jaspe es “diáfana (resplandeciente, transparente) como cristal,” lo cual habla del brillo de la gloria de Dios.

El segundo, zafiro: Piedra azul casi tan dura como el diamante.

El tercero, calcedonias (ágata): La más preciosa de las calcedonias, transparente, con color amarillo oro, con vetas azul celeste.

El cuarto, esmeralda: Piedra transparente color verde brillante.

El quinto, sardónica (ónice): Piedra con color blanco y rojo, combinados.

El sexto, cornalina (Sardis): Piedra color rojo sangre.

El séptimo, crisólito: Piedra transparente parecida al oro con vetas color verde oscuro.

El octavo, berilo: Piedra transparente color azuloso y verde, verde mar.

El noveno, topacio: Piedra transparente color verde pálido mezclado con amarillo.

El décimo, crisopraso: Piedra amarillosa con matices azules.

El undécimo, Jacinto: Piedra color rojo mezclado con amarillo canela.

El duodécimo, amatista: Piedra transparente color violeta.

Estos doce fundamentos de piedras preciosas, por causa de su transparencia dejan pasar la luz de la gloria de Dios, y ésta irradia a través de las mismas; y añadiendo que la ciudad es de “oro puro” semejante al vidrio limpio,” es decir, también transparente, con razón Juan la vio como “piedra preciosísima…resplandeciente como cristal.”

Toda esta belleza de la Nueva Jerusalén, aunque por reflejo y transparencia, está hablando de la hermosura de la santidad, de la gloria, y de las obras de Dios.

Las doce puerta eran de perlas (v.21ª) Y la calle era de oro puro, transparente como el vidrio. (v.21b).

ELEMENTOS ESPIRITUALES DE LA CIUDAD

V.22-27

Dios y el Cordero serán templo y luz de la Nueva Jerusalén (v.22). En las siguientes referencias se establece que en el Cielo. Inclusive en la Nueva Jerusalén, hay templo. Ap.3:12; 7:15; 11:19; 14:15, 17; 15:1-8; 16:1, 17.

Cuando Juan dice que no vio en ella templo (v.22) lo que mas bien está diciendo es que no vio un edificio, un templo al cual se iría a adorar a Dios, porque Dios y el Cordero están allí, y la luz de ellos llenara toda la ciudad, y saldrá de la ciudad, y doquiera esté uno ubicado dentro de la ciudad, allí mismo puede adorar a Dios y al Cordero.

La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera (v.23).

Habitantes y visitantes de la ciudad santa Nueva Jerusalén (v.24-27). En estos versos nos describe con elocuencia la universalidad del plan de salvación. No se discrimina a personas o naciones; todos están invitados a tributar gozosa obediencia al Dios Todopoderoso.

Muchos comentaristas consideran que el dato del versículo 24 es bastante complicado. “Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella”  La pregunta difícil de responder, según esos estudiosos, es la siguiente: ¿Cuáles serán esas naciones, y como es que siguen viviendo en la tierra renovada después del milenio?

Estas naciones estarán compuestas por gente de los pueblos y reinos que habrá sobrevivido el final del reino milenial de Jesús. Éstos pueden ser los que no se dejaran engañar por el diablo cuando salga a persuadir a las naciones para que presenten contra Dios y sus santos la gran batalla postmilenial de Gog y Magog (Ap.20:7-9). Éstos habrán aceptado la soberanía de Cristo, por lo que pasaran por una transformación efectuada en ellos después del milenio, para poder participar de la vida eterna en la tierra transformada para la eternidad. La vida de estas personas será semejante a la de Adán y Eva antes de la caída.

Notemos todo lo que se nos dice con respecto a estas naciones:

        1. Son naciones (v.24).

        2. Fueron salvas (v.24).

        3. Andarán a luz de la Nueva Jerusalén (v.24).

        4. Los reyes de la tierra (nueva) traerán su gloria y honor a la Nueva Jerusalén (v.24).

        5. Llevara la gloria y la honra de las naciones a la Nueva Jerusalén (v.26).

        6. Tendrá acceso al árbol de la vida (22:2).

        7. Las hojas del árbol serán para la sanidad de las naciones (22:2).

        8. No habrá mas maldición (22:3).

Las puertas de la ciudad permanecerán abiertas a las naciones (v.25). Las puertas se cierran de noche, pero allí no habrá noche; lo que quiere decir que nunca, eternamente nunca se cerraran las puertas de la ciudad del Cordero. La ausencia de las tinieblas de la noche simboliza la ausencia de las tinieblas de pecado.

“No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.” (v.27). Puesto que Satanás, los demonios, el infierno, la Muerte, y todos los pecadores estarán confirnados permanente y eternamente en el lago de fuego, no existen posiblisidad alguna que a la Nueva Jerusalén entre el mal, el pecado, la mentira, porque todo esto existirá únicamente en el Lago de Fuego.

Tampoco entre los ángeles se habrá de producir otra rebelión, la cual sirvió de prueba para ellos, porque los que permanecieron fieles a Dios tomaron su propia, voluntaria e inteligente decisión de ser fieles a Dios.

De igual manera, nosotros los redimidos con la sangre de Jesucristo, estaremos allí en este mundo tan hostil, perverso y de tantas pruebas, hicimos nuestra decisión de ser fieles a Dios.

De modo que este versículo es una amonestación a nosotros hoy, para que nos ocupemos de nuestra salvación, porque no hay escape del Infierno y del Lago de Fuego, si tenemos en poco una salvación tan grande, Heb.2:1-4. Y para que retengamos lo que tenemos, y así nadie tome nuestra corona, Ap.3:11. Y para que nuestro nombre no sea borrado del libro de la vida, Ap.3:5. No permitamos que nada ni nadie ni mucho meno el pecado, nos impida estar en ese lugar tan hermosos la Nueva Jerusalén.




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