“LAS COSAS QUE HAN DE SER DESPUÉS DE ESTAS”
La Visión del escenario celestial
Los capítulos 4 y 5 nos introducen y nos preparan para el cumplimiento profético de los “sellos”, “trompetas”, y “las copas”. Esta tercera etapa de nuestro recorrido por el maravilloso libro de Apocalipsis nos lleva al cielo, desde donde fue llamado Juan para que contemplara la escena del trono en el cual Dios entablará juicio contra los enemigos de Cristo.
Los capítulos 4 y 5 de Apocalipsis presentan una visión de los que va a suceder en el cielo después de que la iglesia sea sacada de este mundo. Se destaca en esta visión personajes divinos y elementos celestiales que nos dan una idea de la majestad del Todopoderoso y la adoración que se rinde a Él de manera ininterrumpida.
Esta reveladora visión de Apocalipsis 4 y 5 se divide en cinco partes muy significativas.
En primer lugar, se ve cómo Juan subió a cielo, donde se le mostro el trono de juicio del Dios Todopoderoso.
En segundo lugar, Juan observa la presencia y la adoración que rinde los veinticuatro ancianos, en representación de los redimidos de todos los tiempos.
En tercer lugar, describe a los cuatro seres vivientes que rodean el trono de Dios.
En cuarto lugar, se le muestra al apóstol y profeta un rollo sellado siete veces, un título de propiedad que nadie, sino sólo el Redentor podrá abrir.
En quinto lugar, se presenta al Cordero de Dios, el único digno de realizar el acto mesiánico de abrir su derecho de propiedad.
Esta visión le fue dada al profeta Daniel en el capítulo 7. Hay un asombroso paralelismo entre esta visión de Apocalipsis 4 y 5 y la de Daniel 7:9-14, 22-27. Tanto Juan como Daniel recibieron información acerca de los mismos sucesos escatológicos, pero los describen en épocas y a lectores distintos. La diferencia consiste en que a Daniel le fueron reveladas estas cosas para los intereses del pueblo de Israel, en tanto que Juan las ve en lo que atañe a la iglesia de Jesucristo.
TRONO DE JUICIO DEL DIOS TODOPODEROSO
Sentido tipológico del arrebatamiento espiritual de Juan (v.1).
V.1 La puerta abierta y la voz que decía “Sube acá” y el traslado de Juan al cielo en el espíritu, es un símbolo del arrebatamiento de la iglesia en la primera etapa de la segunda venida de Cristo. (1 Ts.4:15-17; Jn.14:1-3; 17:24; Mt.25:10).
Un trono de juicio. “Un trono establecido y uno sentado sobre el trono” (v.2). La expresión establecido viene de la palabra griega ekeito que significa “colocado”, dando la impresión de que dicho trono fue puesto allí específicamente para que se sentara alguien con pleno poder para ejercer juicio y justicia. Notemos que ya iba a empezar a desencadenarse la serie de juicios que se anuncian para la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra (Ap. 3:10).
Identificación del Juez. En el trono, uno sentado (v.2) Sabemos que el Juez que se sentó en este trono de juicio es el Dios y padre Todopoderoso. Esto también está claro en el capítulo 7 de Daniel. Allá dijo el profeta: Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos. (Dn.7:9-10).
Características del Juez. Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina (v.3). El jaspe puede describirse como un diamante perfecto, cuya brillantez clara describe la pureza, la santidad y la gloriosa majestad de Dios.
El termino cornalina viene de sardio que es un cuarzo de color rojo fuego, el cual podría ilustrar la justicia y la ira santa de Dios.
Juan vio que había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda (v.3b). El arco iris ha sido siempre símbolo de la misericordia de Dios, la cual acompaña a su justicia. Esto quedo demostrado con el pacto de Dios con el arco iris como señal después del diluvio (Gn.9:12-17). El arco iris que vio Juan alrededor del trono de juicio era de color verde, como la esmeralda. El color del arco iris es otra alusión a la misericordia divina, la cual inspira esperanza en un Dios justo y bondadoso.
VEINTICUATRO ANCIANO ALREDEDOR DEL TRONO
Identidad de estos veinticuatro ancianos.
“Alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos” (V.4) Juan ve veinticuatro tronos y sentado sobre los tronos veinticuatro ancianos. ¿Quiénes son estos veinticuatro ancianos? Y ¿Que representa? Son representantes de los salvados, o sea, de la iglesia. Esto se evidencia por la canción que canta, en la cual alaban a Cristo por la salvación (Ap.5:8-10).
Además a la iglesia le fueron prometidos tronos (Mt.19:28); Ap.3:21; 20:4). También le fueron prometidas coronas a la iglesia (1 P.5:4; Ap.2:10; 3:11). Los calificativos de reyes y sacerdotes también pertenecen a la iglesia (1 P.2:5, 9; Ap.1:4-6; 20:6). Por eso no cabe duda de que en las personas de los 24 ancianos estaba representada la iglesia.
Estos ancianos estaba “vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas” Las vestiduras blancas de esos 24 ancianos simbolizan la justicia de los santos (Ap.19:8), y las coronas de oro significan la honra y la gloria y la dignidad real (Ap.5:10).
En el v.5, Juan describe una variedad de elementos simbólicos que anuncia la proximidad de los juicios de la tribulación. Tres atributos divinos se ven reflejados en esta serie de símbolos: la soberanía de Dios, la iluminación del Espíritu Santo y la paz del Señor Jesucristo. Esto es así, porque la administración de los juicios escatológicos será una operación conjunta de la Santa Trinidad.
Símbolos de soberanía. Juan observo que del trono salían relámpagos y truenos y voces (v.5). Los relámpagos y truenos nos recuerdan al monte Sinaí, donde Dios dio la ley para su pueblo con muestras de su implacable soberanía. “Al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos” (Ex.19:16). Las voces o sonidos que según Juan provenían del trono de la justicia divina son representaciones audibles de la autoridad de Dios vertida en su Palabra, la cual estará en plena función punitiva durante los siete años de juicios.
Símbolo de iluminación. La expresión lámparas de fuego se refiere a “antorchas encendidas”, las cuales se usaban para iluminar los recintos de las cortes. Aquí Juan explica que esta antorchas son una representación de los siete espíritus de Dios, lo cual, como lo entiende la mayoría de estudiosos, es la plenitud del Espíritu Santo. Esta es una manera apropiada de insinuar la iluminación y sabiduría que reinan en el tribunal divino.
Símbolo de estabilidad. En la primera parte del versículo 6, Juan nos indica que delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal (v.6). El mar, como el que nosotros conocemos, es considerado como símbolo de intranquilidad e inconstancia debido a su movimiento incesante. En cambio, el mar que Juan vio delante del trono de Dios era como de vidrio semejante al cristal. Esto podría ilustrar la estabilidad del testimonio de Jesús, así como su transparencia y esplendor. Otra opinión es que simboliza la pureza, quietud y paz del cielo.
LOS CUATRO SERES VIVIENTES ALREDEDOR DEL TRONO
Siempre ha habido seres celestiales alrededor del trono de Dios. La presencia y las funciones de estos cuatro seres celestiales alrededor del trono divino nos hacen recordar visiones que otros siervos de Dios tuvieron y describieron en el Antiguo Testamento.
Isaías vio serafines alrededor del trono de Dios. (Is.6:1-3).
Ezequiel vio querubines alrededor del trono de Dios. (Ez.1:4, 5, 14).
Existen muchas similitudes entre los “seres vivientes” de estas visiones y la de Apocalipsis, lo cual indica que las tres narraciones hablan de seres angélicos de una clase superior. Es cierto que también hay significantes diferencias entre ellos, pero las tres visiones nos revelan la importancia de estas criaturas como asistentes inmediatos del Todopoderoso en sus actividades relacionadas con sus criaturas.
Características de los cuatro seres vivientes. (6-8). El Espíritu Santo capacito a Juan para que observara y describiera a estas criaturas celestiales, destacando tres características sobresalientes.
1. Estaban llenos de ojos delante y detrás. Juan noto que los seres vivientes estaban llenos de ojos delante y detrás (v.6). También alrededor y por dentro estaban llenos de ojos (v.8). Esta abundancia de ojos puede ser un símbolo de las maravillosas facultades de estos agentes de Dios para vigilar, discernir y entender todo lo que está delante del trono de Dios.
2. Lucían rostros como de “león”, “becerro”, “hombre” y “águila” (v.7). El primer ser viviente era semejante a un león. El león siempre ha sido un símbolo de realeza (2 Cr.9:18) y fuerza (Pr.30:30). El segundo era semejante a un becerro. Siempre se habla de un becerro, toro o buey en sentido simbólico se piensa en vitalidad, resistencia, servicio y sacrificio. El tercero tenía rostro como de hombre. La figura de un hombre destaca personalidad, inteligencia, sensibilidad y autoridad. El cuarto era semejante a un águila volando. El águila es la reina de los volátiles y simboliza visión, agilidad y supremacía.
3. Tenía seis alas cada uno (v.8). En este sentido, los seres vivientes de Apocalipsis se parecen a los serafines que vio Isaías: «Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban» (Is.6:2). Aunque en Apocalipsis no se especifica el uso de las alas de estos servidores de Dios, entendemos que ellas son una clara indicación de la presteza, agilidad y eficiencia con que estas maravillosas criaturas atienden las ordenes de su Creador.
Algunos comentarista opinan que estos seres vivientes del Apocalipsis son lo mismo que el profeta Ezequiel 1:5-12, que son Querubines. La única diferencia era que los del Apocalipsis tenían seis alas y los de Ezequiel 4, en los demás eran semejantes. Por su apariencia, parecen también representar a toda la creación de Dios, y son ejecutores de los juicios de Dios sobre la creación. ¿Qué hacían estos “seres vivientes,”? Continuamente proclamaban la santidad del Dios trino. “Santo, Santo, Santo.” (v.8).
El versículo 9 alude a la constante adoración de los cuatro seres vivientes. Su naturaleza celestial les permite permanecer en una actitud de vigilancia, reverencia y continúa alabanza al Dios Todopoderoso. Los veinticuatro ancianos se unen a los cuatro seres a levantarse de sus tronos, quitarse sus coronas, presentárselas a Dios y postrarse delante del trono santo, adorando al que vive por los siglos de los siglos (10). La canción de los veinticuatro ancianos. En esta alabanza, los veinticuatro ancianos, como representantes de todos los redimidos le rinden homenajes a Dios por sus obras. Le declaran que es digno de recibir la gloria y la honra y el poder por dos razones: porque Él creó todas las cosas, y por todo lo creado, que por su soberana voluntad existen (v.11). Más adelante, los veinticuatro ancianos se vuelven a unir a los cuatro seres vivientes y entonan juntos un nuevo cántico (5:9).
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