LOS SIETE ÁNGELES Y LOS SANTOS VENCEDORES
Los capítulos 15 y 16 van juntos y forman una visión conectada a las escenas finales de juicio. Este capítulo es como un interludio celestial para reconocer la victoria de los que van venciendo en medio de los rigores de la Gran Tribulación, quienes a su vez entonan cánticos de alabanzas y exaltan la justicia y la santidad de Dios.
Siete ángeles con las siete plagas postreras (v.1). Aquí ya aparecen los siete ángeles encargados de derramar sobre la tierra las copas de la ira de Dios, la cual será la última serie de juicios que Dios ha programado para acabar con el dominio del Anticristo, exterminando a todos los enemigos del pueblo de Israel y del Mesías.
Es interesante la indicación de Juan al decir que con estas plagas se consumaba la ira de Dios (15:1). Esto significa que los juicios de las siete copas, descritas en el capítulo 16, se derramaran en un tiempo relativamente corto. Sera un proceso breve, en el cual Dios castigara las iniquidades de los que aun queden en la tierra, antes de la terrible batalla del Armagedón.
Un mar de vidrio mezclado con fuego y los mártires vencedores, en pie sobre el mar de cristal (v.2). El fuego en el mar de vidrio probablemente represente el fuego de la persecución por la cual atravesaron estos vencedores. Y “en pies sobre el mar” se encontraba lo que “habían alcanzado la victoria sobre la bestia” (Anticristo) no se dejaron seducir ni intimidar por el Anticristo, “y su imagen” la cual no adoraron y tuvieron que pagar con su vida, y de “su marca” la cual no aceptaron “y de su número” el cual tampoco aceptaron que le pusieran el número de su nombre (Anticristo), ni sobre la frente, ni sobre la mano. Cuatro intentos repetidos y torturantes por reducirlos a la aceptación del Anticristo, pero ellos “alcanzaron la victoria”
El Anticristo pensó que los había vencido con la muerte, y sin duda festejaron su muerte en la Tierra; pero por su fidelidad, Dios los está festejando en el Cielo.
Celebraran con las arpas de Dios, el Cántico de Moisés y el cántico del Cordero (v.3-4). Mucho habían sufrido, padecido, llorando en la Tierra, ahora canta y se acompañan con “las arpas de Dios.”
El cántico de Moisés se encuentra en el capítulo 15 de Éxodo, y es un cántico de victoria y de exaltación a Dios, cántico que se produce después del cruce del mar Rojo, donde quedó sepultado el poderoso ejército de Faraón.
El cántico del Cordero se encuentra en capítulo 5 de Apocalipsis, e igualmente es un cántico de victoria y de exaltación a nuestro Señor Jesucristo.
El cántico que entonan los vencedores de la Gran Tribulación (v.3-4), es como si fuera una combinación del cántico de Moisés y el cántico del Cordero.
Siete ángeles salen del templo preparado para los juicios. (v.5-6). Con la expresión después de estas cosas (v.5), Juan indica que después de la escena de los vencedores de la Gran Tribulación, Juan ve la escena del templo del tabernáculo del testimonio abierto en el cielo.
En este pasaje la palabra “templo,” en el griego es, «naoz»,” que significa, “habitación de Dios.” En el tabernáculo en el desierto y en el templo en Jerusalén “la habitación de Dios” era el Lugar Santísimo.
Juan vio que el lugar Santísimo del Templo en el cielo fue abierto. Y siete ángeles salían del Templo, listos, dispuestos, designados para derramar las siete postreras plagas (v.7) “Y uno de los cuatro seres vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios, que vive por los siglos de los siglos.”
Están “vestidos de lino limpio y resplandeciente, y ceñidos alrededor del pecho con cintos de oro.” Están vestidos apropiadamente para la encomienda asignada.
Y el Templo se lleno de humo de la gloria de Dios, que presagia juicio, “y nadie podía entrar en el templo hasta que se hubiesen cumplido las siete plagas de los siete ángeles.”
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