LOS 144,000 SELLADOS, LA GRAN MULTITUD
Llegamos al primer paréntesis del libro del Apocalipsis. Hasta aquí ha habido una secuencia en el relato de Apocalipsis.
Entre la apertura del sexto y la del séptimo sello, a la mitad de la semana septuagésima de Daniel, hay un paréntesis muy importante. En este lapso se le muestran a Juan dos visiones de trascendente importancia y gran significado.
Ambos acontecimientos tienen un lugar especial en el desarrollo del extraordinario programa de los juicios divinos.
1. La primera visión describen el proceso de sellar a un número determinado de israelitas para que sean preservados no sólo de los juicios que Dios estará derramando sobre los moradores de la tierra, sino también de la furia del Anticristo. Estos son sellados para que funcionen como colaboradores del Cordero (7:1-7; 14:1). De entre los que den testimonio de Jesús, sólo los sellados sobrevivirán; los demás tendrán que morir como mártires bajo el poder del Anticristo.
2. En la segunda visión, se le muestra a Juan una multitud incontable de creyentes, de todo, el mundo, los cuales saldrán de la gran tribulación (v.14). Éstos comparecerán ante la presencia del Cordero de Dios, probablemente ya resucitada, vestida de ropas blancas, y con palmas en las manos (v9), por haberse negado a adorar a la bestia y al falso profeta.
Cuatro ángeles sobre los cuatro ángulos de la tierra (v.1). Dios siempre ha utilizado a los ángeles como agentes ejecutivos de su voluntad en el cielo y en la tierra. Él tiene a estos cuatro ángeles en pie, es decir, listo para ejecutar toda orden divina con la mayor prontitud desde los cuatro ángulos de la tierra. Esta expresión se refiere a los cuatro puntos cardinales: norte, sur, este y oeste. Esto guardianes de Dios tienen poder para sujetar los cuatro vientos de la tierra, destinados a causar daños y estragos a la tierra, el mar y a toda la vegetación.
Otro ángel que subía de donde sale el sol. (v.2). El otro ángel parecer ser de una jerarquía superior, pues los otros cuatro le obedecen. Este otro ángel no es Jesús, el Cordero, como algunos erróneamente lo han sugerido. Jesús, el Cordero de Dios, estará abriendo los sellos. Éste es, sencillamente, otro ángel, como todos los demás que Dios ha comisionado para tareas específicas, pero con gran autoridad sobre los demás ángeles ejecutadores de los judíos. No obstante, como se puede notar, tiene autoridad sobre los cuatro que están deteniendo los cuatro vientos de la tierra. La notable distinción de este ángel se debe a que es portador oficial del sello del Dios vivo, quizás como señal de autoridad. Otro ángel poderoso que veremos en acción será el de Apocalipsis 10:1).
¿Por qué detienen la acción de los otros ángeles? Este ángel superior clamo a gran voz a los cuatro ángeles guardianes cósmicos para que detuvieran los cuatro viento devastadores, hasta que hayamos sellado en su frente a los siervos de nuestros Dios (7:3).
La acción de sellar a un número predeterminado de servidores del Cordero será tarea de este otro ángel. Este acto sucederá dentro del programa de actividades de la semana profética de Daniel, ya cerca del final de la primera parte. Más adelante veremos cómo estos ciento cuarenta y cuatro mil sellados son llevados al cielo antes de que empiecen a transcurrir los tres años y medio de la gran tribulación.
Los ciento cuarenta y cuatro mil sellados de Israel. “Y oí el numero de los sellados: Ciento cuarenta y cuatro mil sellados” (v.4). Estos israelitas recibirán el sello de Dios con dos propósitos:
1. No ser afectados por las plagas y los estragos de los juicios divinos.
2. Para no ser degollados o decapitados por la fuerzas del Anticristo a causa de su fe en el Mesías.
Esto quiere decir que los escogidos y sellados serán personas que aceptaran el evangelio de Jesucristo y se consagraran al servicio del Mesías, en el momento en que tengan que ejecutar las órdenes del Cordero, como se ve en 4:1).
Tipos y profecías de un sello de protección. Tanto en Éxodo como en Ezequiel, y también aquí en Apocalipsis, el sello o la marca tienen como fin librar de la muerte a los sellados, con un propósito especial, servir a Dios. Profecías concernientes a sellar a los siervos de Dios se dan desde el Antiguo Testamento.
Ejemplo: Dios mando que se marcaran las casas de los hijos de Israel para que sus primogénitos no fueran muertos al pasar el ángel. «Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis, y veré la sangre y pasare de vosotros» (Ex.12:13). Ezequiel recibió también una visión en la que observo cómo se ponía una marca a los varones íntegros del pueblo. «Y llamo Jehová al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le dijo Jehová: Pasa por medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella» (Ez.9:3-4).
Este “sello del Dios vivo” es “el nombre de él (Cristo) y el de su Padre escrito en la frente” Ap.14:1. Juan oyó claramente que los sellados provendrán de todas las tribus de los hijos de Israel (v.4), 144, 000 sellados de todas las tribus de Israel. 12,000 de cada tribu (v.4-8).
Nótese que las tribus de Dan y Efraín son omitida y son sustituidas con Leví y José. Se cree que por causa de la idolatría de aquellas dos tribus fueron destituidas (Dt.29:18-21; 1 R.12:25-30; Os.4:17).
La Multitud que sale de la gran tribulación (v.9-17) “
Juan ve “una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas…” esta multitud la cual nadie podía contar se componía de toda nacionalidad. “Que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero” Lo cual indica que están en el cielo; Vestidos de ropa blanca, con palmas en las manos. Estos dos distintivos de la redención. Las ropas blancas son símbolo de pureza, justicia y santidad. Y las palmas en las manos, como una señal de victoria, jubilo y regocijo, como celebraban los israelitas su liberación de la opresión del faraón de Egipto (Lv.23:40).
El clamor de la gran multitud. “y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (v.10). Este clamor es una alabanza que la incontable multitud de redimidos le rendía a Dios el Padre, como proveedor de la salvación, y también al que dio su propia vida para que dicha redención fuese consumada, el Cordero.
Los ángeles celebran la redención de los humanos. “Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén” (v.11-12). Que los ángeles celebran la salvación de los humanos es un hecho conocido por los que han leído los Evangelios. Jesús dijo, refiriéndose a la conversión de los pecadores: «Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento […] Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente» (Lc.15:7, 10).
Una pregunta que sólo un ser puede responder. La pregunta y la respuesta de este pasaje son muy oportunas, pues eso nos ahorra tener que opinar o inventar explicaciones rebuscadas en cuanto a la identidad de toda esa gente. “Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? Yo le dije: Señor, tú lo sabes” (V.13-14). Para un alivio de Juan, en un momento tan crucial y maravilloso, el mismo anciano que le pregunto quienes eran y de donde habían llegado los de la multitud, le dio la acertada respuesta. El apóstol reconoció que era incapaz de identificar a estos cristianos.
Los de la multitud saldrán de la gran tribulación. (v.14) “Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” La frase gran tribulación es la traducción de las palabras griegas tlipseos tesi megalis, una expresión de labios de Jesús mismo: «porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá» (Mt.25:21).
Esta es una profecía de doble sentido: el primero se cumplió en el año 70 d.C., pero queda un cumplimiento aun mayor. Si el Señor se hubiera estado refiriendo solamente a la destrucción de Jerusalén, sus predicciones quedarían muy cortas, porque el pueblo de Israel ha sufrido cosas peores, y aun le espera algo indecible. Por tanto, tenemos que reconocer que Jesús estaba hablando de la segunda mitad de la septuagésima semana de Daniel 9:27).
Seis bendiciones para los de la gran multitud. El servicio de los creyentes a su Salvador no termina en su traslado al cielo. El anciano le explica a Juan que éstos están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo (v.15). Pero el servicio a Dios nunca es en vano (1 Cor.15:58). A cambio de este servicio sacerdotal en el templo celestial, el Señor concede a esta multitud las siguientes bendiciones.
1. Protección y comunión. (v.15). Después ser víctimas del odio y la violencia del mundo, ahora Dios será su refugio permanente.
2. Provisión espiritual. “Ya no tendrá sed” (v.16). Salen de un mundo azotado por el hambre y la escasez, pero ahora el Señor saciara todas sus necesidades.
3. Refrescante renovación. “El sol no caerá mas sobre ellos, ni calor alguno” (v.16b).
4. Cuidado pastoral divino. “Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará” (v.17). Quizás haya sufrido como ovejas que no tienen pastor, pero ahora, Jesús el buen Pastor cuidará de ellos.
5. Fuentes de agua viva. “Los guiara a fuentes de aguas de vida” (v.17b). La promesa de Jesús a la samaritana (Jn. 4:10) y a todo creyente (Jn. 6:38) se cumplirá plenamente en el cielo.
6. Consolación permanente. “Dios enjugará toda lagrima de los ojos de ellos” (v.17c). Las terribles experiencias de la gran tribulación serán tan dolorosas y crueles, y sus efectos tan profundos que los que salgan de ella necesitarán la consolación constante de Dios y del Espíritu Santo para vivir en pleno gozo.
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